

La pandemia por el coronavirus revivió las aplicaciones y programas para hacer videollamadas. La más popular, Skype, pasó sin embargo a un segundo plano ante el repunte de Zoom, que existe hace mucho pero en los últimos días llegó a quintuplicar sus usuarios.
¿Por qué se usa tanto? En primer lugar, por la cantidad de usuarios que pueden participar: las llamadas de video de Whastapp, por ejemplo, permiten hasta 4 participantes. Zoom habilita hasta 100 en su versión gratuita y hasta 1.000 si se paga.
Y porque, además, no es necesario tener cuenta para usar la aplicación. Este fue uno de los puntos fundamentales que favoreció que la app se haga tan popular: al usuario promedio le da “fiaca” hacerse una cuenta.
Sucede que Zoom tiene fines empresariales y educacionales: es un sistema pensado para tener estabilidad con muchísimos participantes, y eso hizo que muchos empezaran a usarla. No para 100 personas, claro, pero sí quizás para grupos de 10 amigos, o familias numerosas. Todo para acortar la brecha del aislamiento físico con una inyección de videollamadas digitales. Acá, todo lo que tenés que saber: desde cómo hacer una reunión (meeting) hasta cómo grabar las sesiones.
Zoom tiene una versión gratuita con ciertas limitaciones. Pero la verdad es que, para el uso promedio, permite hasta 100 participantes en simultáneo, pero un máximo de 40 minutos por reunión. Las versiones Pro, Business y Enterprise suben el número de concurrentes a 1.000. Además, no hay límite de tiempo para una reunión.
También incluye -y esto es muy importante para instituciones educativas- la posibilidad de grabar las reuniones. Los precios están expresados en dólares y son por mes por anfitrión (el que crea la reunión). Las versiones Business y Enterprise necesitan un mínimo de anfitriones de 10 y 50 respectivamente.
Atención con esto: cuando busqués la app en Google Play o el App Store, puede resultar confuso: aparecen varias, como Zoom Rooms, Zoom for Itune y otras.
La que tenés que bajar se llama Zoom Cloud Meetings. Se ve así:
Como en todo proceso habitual de sign in: usuario, contraseña y correo electrónico. Se verifica la identidad desde el correo y listo.
Lo interesante es que Zoom no requiere cuenta. Sí se necesita que el que organiza la reunión la tenga. Pero el resto, no.
Es recomendable crear una porque si se va a usar con frecuencia, hace más cómodo todo el proceso.
Es realmente muy fácil: una persona crea la reunión -el anfitrión- y el resto se puede unir introduciendo el identificador de la reunión y la contraseña.
Al iniciar la reunión, nos vamos a ver a nosotros mismos en pantalla. Al rato, arranca la sesión.
Para que sea más ágil el proceso, se puede agregar contactos. Estos aparecen a partir de la agenda telefónica y quienes, por supuesto, usen Zoom.
También se puede buscar por correo electrónico. A la otra persona le llega una solicitud de amistad y, si la acepta, ya queda el contacto establecido.
Unirse a una reunión es tan simple como aceptar una invitación, que es un link. Se puede compartir por Whatsapp, mail o cualquier medio.
También se puede introducir el número de identificación de la reunión a mano, el ID, y elegir un nombre con el que vamos a aparecer.
Se puede elegir entrar sin audio y sin video, antes de que comience la conferencia. Por default, estas opciones están destildadas.
Alzando la mano. Hay una opción para “levantar la mano” de manera virtual. Esto es, avisar que se quiere hablar.
Es muy útil para clases, donde quizás la superposición de voces puede generar confusión y algún tipo de conflicto.
Como alternativa, hay un “modo conducción” que permite que funcione más como un walkie talkie. Esto impide que se pisen las conversaciones.
Una función muy útil que tiene Zoom es la de compartir lo que uno ve en su pantalla. Esto es muy cómodo a la hora de dar una clase, por ejemplo, si queremos compartir una presentación en PowerPoint, o usar un pizarrón virtual.
No sólo se puede compartir lo que está en pantalla, sino archivos de todo tipo: Foto: para compartir fotos de tu galería del teléfono o la PC y hacer anotaciones.